Palacio de Bellas Artes

Llegué al Palacio de Bellas Artes a las 11:05 am, me bajé del Uber, pasé la bolsa para adelante cuando me di cuenta que era sábado y había mucha gente.

Encontré a mi maestra y no tenía ni idea de que esperar, ella me dijo que tenía que ir a ver que había a los alrededores, entonces me fui toda la orilla del Palacio. Intenté poner atención a todos los detalles, la primera vuelta no saqué ni la cámara, solo estaba poniendo atención a mi alrededor.

Mi primera vuelta empezó muy bien hasta que iba a la mitad del camino y había dos ciegos, una mujer y un hombre, iba a pasar y me empezaron a gritar: ¡ señorita, señorita! Entonces me paré en seco y me le quedé viendo a ella. Me volvió a llamar y me dijo: ¿sabe dónde está el metro más cercano?

La agarré del brazo y la traté de llevar, pero estaba a la defensiva y me decía que no la fuera a empujar y yo le dije no señora como cree, ¿ por qué la empujaría? Me contestó que ese día ya había pedido ayuda dos veces y que la habían empujado; No sabía que decirle, caminamos en silencio, la dejé en el metro  y se despidió de mi.

Regresé con mi maestra y le conté lo que vi y lo que me pasó, no puedo creer que no les tomaste una foto me dijo. Ahí tenemos la primera lección: el momento se acomodó, era perfecto para poder fotografiar a los señores y la situación.

Me dijo ahora sí saca la cámara y empieza a tomar fotos a todo lo que creas que puede contar una historia, unas palabras muy fáciles de entender pero ahora  ponerlas en práctica era lo mas difícil.

Me fui a la alameda, había más gente, más espacio, fuentes, era más fácil que pudiera encontrar elementos que fotografiar.

Mi primera escena en la Alameda fue una señora lavando su ropa en la fuente, claro disparé el primer “click”, la segunda escena un señor lavándose el pelo en la misma fuente, segundo “click”. Caminé hacia la segunda fuente que vi, había unas banquitas y me senté a ver todo lo que pasaba a mi alrededor, el señor que se había lavado el pelo en la fuente anterior llegó ahora a lavar sus zapatos a la fuente que yo estaba, luego llegaron unos niños, juraron con el agua, acabaron mojados de pies a cabeza.

Tomé muchas fotos, regresé con mi maestra y le conté y le mostré mis fotos.  Ella me enseñó a tomar unas fotos y hacer unos encuadres.

Lo más importante creo no fue tomar cierta cantidad de fotos que tomé, sin duda, fue el tiempo que estuve sola sin ninguna distracción observando, algo que no había hecho desde hace mucho tiempo. Creo que lo más importante es aprender a observar, aprender a que siempre a tu alrededor puedes tener un momento para contar o un momento para escribir.

Fue un gran día y algo que no había hecho nunca desde que empecé la carrera.

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