El transporte Chilango

Metro2

Metro CDMX

Texto: Paulina Portillo Orozco
Fotografías: Aida Elías Calles

Diariamente, más o menos unos 5 millones de chilangos utilizan el metro enfrentándose a una complicada situación en la que hay que luchar por oxígeno y un centímetro de espacio para entrar y salir.

El metro de la Ciudad de México, una realidad saturada, callada, cansada y fastidiosa en la que a pesar de que la gente no habla, sus rostros y miradas piden auxilio mientras se escucha música en las bocinas dentro de la mochila de un joven vendiendo MP3 piratas o la voz de los vendedores de chicles y pastillas que ofrecen una garganta saludable y aliento fresco.

A pesar de sus defectos, es imposible negar el Metro de la Ciudad de México es uno de los más eficientes en el mundo al transportar una enorme cantidad de gente sin descanso a un precio incomparable a nivel mundial. Y mejor aún, aunque se vea tan lleno que no cabría un alfiler, siempre hay espacio para uno y otro más, hasta que las puertas cierren a empujones e incluso machucando la ropa de algunos.

Sobrevivir al metro en la hora pico, es una prueba que todo chilango debe superar en donde el éxito de la travesía entre las paradas más populares como Balderas, Indios Verdes o la famosa línea 12 (con la que nos han visto la cara a todos), no depende en sobrevivir sino en encontrar un poco de espacio entre la densidad, calor y tufos humanos.

En el metro de la Ciudad de México a plena hora pico no hay clases sociales, privilegios ni mucho menos civismo (aunque exista un vagón para mujeres y niños que muchas veces no se respeta). Tampoco hay prejuicios, ya que además de ser literalmente una unidad conformada por una masa compacta de personas, todos compartimos la misma identidad mexicana a empujones discretos “ganando cancha” o torteando a la o el de lado.

La vida en el metro, es la vida real que comienza saliendo de tu casa, y mientras que los más fresitas nunca tendrán la fortuna de sentirse mexicanos, el resto tendrán la fortuna de presenciar un milagro en carne propia al ver cerrar las puertas mientras van camino a la chinga o a la chamba, cualquiera.

A pesar de que toda esta desgastante travesía suene caótica, siempre hay tiempo de ligar con una que otra mirada, arrimón de mueble o sonrisa discreta entre la multitud, y si de plano de trata de expertos, hasta un leve faje puede suceder.

El metro es más que una forma de transporte, es pluralismo, audacia y astucia. Dentro del desorden hay orden, se entra y se sale como uno mismo y con suerte hasta te abran paso para salir más no para entrar, prácticamente se siente como si todo el país cupiera en tan solo un metro cuadrado, pero sobre todo se siente ser mexicano.

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