Una semana terrible

“Nunca juzgues un libro por su portada”, pero qué tal por su título, o por su autor. Pues tampoco. Todos los libros deberían ser juzgados (o merecer una opinión) después de ser leídos. Antes de leer a Carlos Cuauhtémoc Sánchez, tenía un hipótesis, y sí, la comprobé. Me metí a la boca del lobo. 

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Compré el libro. Si ya iba a hacerlo, tenía que ser el que tuviera el título más escalofriante: La última oportunidad. Lo forré, porque no iba a caminar en el metro ni llegar a mi trabajo con él en la mano. Las razones son obvias.

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Después me di cuenta que no tenía caso leerlo si no me metía en el personaje, así que arranqué la envoltura, y dije: “embrace the Carlos Cuauhtémoc Sánchez.” Hasta lo puse en Instagram.

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No es cierto, no lo publiqué, pero lo leí en lugares públicos y no me concentré ni un segundo porque más bien estaba pensando qué estaría pensando la gente de mí. Seguro nada. Aunque según yo este señor se burló de mí (pero a lo hecho pecho. Terminé de leerlo en una semana).

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Sí, hay muchos motivos para jamás, jamás, JAMÁS, leer, por lo menos, La última oportunidad. Finalmente es algo así como: yo sé lo que hago, estoy de acuerdo conmigo mismo (es decir, soy congruente), soy maduro y amable pero tengo una dosis perfecta de egoísmo que balancea el resto de mi nobleza, y si a los demás no les parece, qué pena. Algo así como “A quién le importa”, pero la de Thalia, no la de Alaska y Dinarama.

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El verdadero reto, además de terminar el libro sin odiarme a mí misma por haberme obligado a hacerlo, fue encontrar razones por las que alguien de menos de 50 años terminaría leyendo esta particular pieza.

Esto es lo que se me ocurrió:

-Tu sueño en la vida es desbancar a Mariano Osorio y practicas leyendo en voz alta cualquier libro de Sánchez.

-Estás haciéndote pasar por otra persona porque eres prófugo de la justicia y estás convencido de que nadie puede reconocerte con este libro en las manos.

-Estás en el proceso de conquista con una señora cuya vida ha sido difícil y quieres sorprenderla demostrando madurez y experiencia a tu corta edad.

-Quisiste hacerte pasar por una persona cuya filosofía de vida es no juzgar ni opinar sin conocer.

 

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