Que sería de mí: Condesa

Una de las cosas que más disfruto es comer. Soy de esas personas que ama pensar cuál será su próxima comida incluso cuando siguen comiendo. Cocinar, es una historia aparte, pero el llegar a un lugar y dejarte sorpender es simplemente increíble

Al comer, muchos de nuestros sentidos se ponen a flor de piel. El gusto es el eje central de todos, pero no me dejarán mentir si les digo que por la vista un platillo puede conquistar y por el olfato aún mas. Para mí, una comida se convierte perfecta cuando estos tres sentidos se unen en un mismo plato.

Los fines de semana se han vuelto un ritual culinario para mí. Me despierto tarde, busco qué lugar quiero probar y saco a pasear a mi perro Teo, un pequeño y gordo bulldog francés, quien al igual que yo disfrutar comer aunque él a su manera: como aspiradora, come todo lo que caiga en su paso.

Este domingo, el día pintaba bonito, cosa rara en esta época lluviosa en la que la policía lleva un bote inflable arriba de su patrulla, “por si las flies”. Por eso decidí buscar un lugar bonito, abierto y donde aceptaran perros.

Encontrar un restaurante en la condesa no es difícil, se multiplican en un abrir y cerrar y de ojos, pero encontrar uno bueno puede ser una tarea difícil. Fue en la calle Alfonso Reyes donde encontré un pequeño lugar, con aires parisinos llamado Que sería de mí.

Al leer el nombre lo podrán confundir y llamarlo la quesería, lo cual en un principio era la idea de Marion Albrecht y Ángela Sosa, sus fundadoras. Pero ahora, simplemente el nombre te deja una incógnita. Al pasar por ese lugar, con un sequito de 3 personas hambrientas y un olor deliciosos a pan, la pregunta fue ¿Qué sería de nosotros si no comiéramos aquí en este momento?

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Nos sentamos y rápidamente nos saludaron y nos dieron asiento. Lo primero que llamó mi atención fue la decoracis importante un seño pegadas en la pared y lo mm lugar. Un as hambrientas la pregunta en este momenoeño lugar llamado Que seria ón del lugar. Paredes en tonos púrpura, tazas de té de diferente diseño pegadas en la pared, sillas y mesas distintas y arreglos hechos ese mismo día, daban un sello único y distintivo al lugar. Pero lo más importante y sin duda lo que cautivó mis ojos fue el refri con todo tipo de quesos y embutidos que rodeaban el fondo del pequeño lugar.

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La entrada que pedimos, sin duda era una obligación. Una tabla de quesos apareció ante mi mamá, mi hermano, su novia y yo en cuestión de segundos. Quesos de Querétaro y España cautivaron nuestros hambrientos y delirantes ojos. Para acompañar, pan recién hecho, zarzamoras, frambuesa y una rica mermelada de guayaba y maracuyá nos invitaron a no pensar más y empezar a comer.

Les miento si les digo que esa tabla duró más de 3 minutos. Por ello pasamos rápidamente al plato principal. Cómo todos queríamos probar varios platillo, cada quien pidió uno y quedamos en compartir, aunque en el fondo ya cada quien tenía su favorito.

Los platillos de esa lista fueron los siguientes:

  • Un sándwich de Roast Beef con queso suizo.
  • Una Focaccia Veneto con pechuga de pavo, espinaca salteada, alcachofa rostizada, cebolla caramelizada y queso Asiago.
  • Un sándwich Philly Steak. el cual como su nombre lo dice, tenía puntas de filete cocinadas a la plancha con cebolla caramelizada y con queso cheddar gratinado.
  • Y por último el clásico e imperdible Mac and Cheese que según el mesero era una mezcla de tantos quesos que ni el se acordaba de la lista.IMG-20150907-WA0038-1

En cuanto llegó la comida, Teo, quien estuvo acostado todo el tiempo rápidamente se paró y clavó su mirada en mí ante el olor que se avecinaba. Mi hambre y la de todos los que estaban en la mesa, no se hizo esperar. Yo comencé con la Focaccia Veneto y quedé feliz porque la mezcla de sabores eran increíbles pero en cuanto mi boca probó el sándwich de Roast Beef supe que había encontrado el platillo indicado. La carne, perfectamente cocida, hacia una magnífica sintonía con la salsa , el queso Suizo derretido y las papas al horno que lo acompañaban. Como el chiste de la comida era rotar tuve que dejarlo ir y seguir con el próximo platillo, el Mac and Cheese. Al ver el queso burbujear, mis ojos no podían esperar y le di la primera probada. Tanto este, como el Philly Steak y el resto de los platillos no hicieron más que deleitar mis ojos, mi gusto y mi olfato.

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Teo, quien durante todo la comida hizo juego de miradas con cada uno de nosotros esperando algo a cambio, resultó victorioso cuando un poco del roast beef cayó al piso.

Fue tal la cantidad de comida que al final de los sándwiches decidimos compartir un postre. Un brownie caliente con helado de vanilla hizo de este restaurante la despedida perfecta.

Que sería de mi lleva dos años en acción y sin duda los invito a que visiten este lugar. Quizá sea la decoración, la exquisita comida, el pan recién hecho, la gran oferta de quesos mexicanos o el ambiente del lugar pero lo que si les puedo decir es que no se pueden quedar con la duda y con el qué seria de mi si no hubiera ido.

Por: Andrea Sánchez

Captura de pantalla 2015-10-01 a la(s) 5.29.12 p.m.

 

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